MIENTRAS AGONIZO

Hay que armarse de valor para reseñar Mientras Agonizo, porque más que un clásico, es un texto desafiante y al más ávido lector le puede costar trabajo desentrañar que hay detrás de los personajes y de la historia.

Confieso que nunca hubiera leído esta novela, de no ser porque en la clase de literatura me lo orientaron y tuve que obligarme a leerla. Y es que William Faulkner, el autor, usó un curioso método, que distrae al lector si no están bien definidos en su mente los personajes.

Con la posible muerte de Addie Bundren,  la madre, los personajes empiezan a actuar (y a pensar, porque los pensamientos son los narrados en esta historia) en dependencia de sus carácteres.  Así, descubrimos que la vida de Addie y luego su agonía, son pasos para la realización de deseos concretos de sus allegados. Entonces, su última voluntad, la de ir a enterrarla a otra población, se cumple a pesar de muchos terribles contratiempos, por ser un viaje conveniente para la familia.

Vardaman es solo un niño, que no entiende que su madre pueda morir y se enreda en sus ideas, que parecen propias de alguien que en el futuro llevará el germen de locura de su familia. Al viajar a Jefferson, donde reposará su madre, sueña con un tren de juguete.

Cash se afana en que la caja que hace para su madre quede perfecta, día tras día, en cada una de sus apariciones en el libro, piensa únicamente en la caja, no para de hablar de clavos de formas, de maderas.

El otro hijo es Jewel, lo llaman “cara de palo” y otros insultos, pero al leer el libro no se logra discernir si su personalidad es realmente la de un bribón o la de un hombre hosco, iletrado, que prefiere ser insensible. Cierto es que tiene pasiones extrañas como la obsesión con su caballo, pero también es cierto que en el camino al entierro de su madre se ve envuelto en más de una ocasión en el destino, y se comporta como un buen hijo.

Darl está loco, al comenzar la historia no lo parece tanto, pero mientras avanza la historia nos encontramos con sus soliloquios inconexos y típicos de una persona que va perdiendo la cordura. Quizás es la muerte de su madre la que  disparó el trauma en su mente. A veces se ha dicho que es el verdadero narrador del libro, pues cuando es él quien cuenta la historia su lenguaje es más profundo y mejor elaborado y parece tener conocimiento de acontecimientos futuros.

Dewey Dell, por otra parte es la única hija, la mujer, y por tanto ha estado cuidando a su madre, y ocupándose de los hombres y el hogar. Sin embargo, tras la muerte de Addie, se van develando en ella también intenciones ocultas, más allá de acompañar a su madre a su último descanso. Siempre da vueltas acerca del tema de cierta medicina que “él”  le prometió que la salvaría, y, aunque nunca se dice directamente, está claro que es la culpa y la necesidad de resolver un problema, y no la muerte de su madre, la que la hace ir con los otros miembros de la familia a Jefferson.

El padre, Anse, es un egoísta, sus acciones a lo largo de la historia lo demuestran. La insistencia de cumplir la última voluntad de Addie, esconde su veradera intención: la de comprarse una dentadura postiza.

Hasta la propia Addie, en un momento en que ya ha muerto, habla en el libro, lo que demuestra que Faulkner le deja a sus lectores la tarea de estructurar el relato a su gusto, siempre utilizando el flujo de conciencia y uno que otro toque de humor negro.

También otros personajes que no son la familia, intervienen para dejarnos ver a los Bundren desde afuera, para ser en total 15 narradores los que van conformando la trama.

Es un libro, como todos los clásicos, un poco contradictorio y difícil, pero puede llegar a ser apasionante, siempre y cuando se tenga la paciencia. He leído que cierta vez le preguntaron a Faulker que qué creía de que  los lectores se quejaran de no entender sus libros en una primera lectura, incluso en una segunda y él respondió: “Que se los lean cuatro veces”.

Descargar Mientras Agonizo

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