FARAÓN

Una novela de más de 600 páginas aparece para contarnos la historia de los faraones, a través de dos reinados, que, dicho sea de paso, no existieron, pero podrían representar a cada una de las dinastías egipcias, ya que padre e hijo (Ramsés XII y Ramsés XIII) son distintos entre sí.

El primero es religioso y benévolo, amado por todos, pese a la pobreza que aumentó en su pueblo durante sus 30 años de mandato.

El joven heredero al trono, Ramsés, odia a la casta sacerdotal. Le parece al joven príncipe que cada vez que el Faraón, su padre, quiere hacer algo para el bien del pueblo, los sacerdotes, escondidos tras “propósitos divinos” hacen lo que les sea más beneficioso, pasando por encima de las decisiones de aquel que es “semejante a los dioses”.
Ramsés, quien solo tiene unos 23 años, se lleva por sus impulsos, y, aunque su corazón es sincero, y es un buen líder a quien el pueblo sigue y a quien el ejército obedece, toma decisiones apresuradamente, o se descubre en sus propósitos, incluso frente a sus enemigos.

Todo esto, ambientado en un momento en que toda una civilización declina, por las guerras y la pérdida de la fe en los dioses propios, conforman una novela, que, aunque larga, es apasionante en sus más mínimos detalles, porque nos descubre la forma de vida de los egipcios, y nos devela los secretos de la vida y la muerte para los que se atrevieron a construir las pirámides, solo para comprobar si su pueblo era capaz de obedecerlos: los faraones.

Las aventuras del joven príncipe, sus enamoramientos -de una judía, de una fenicia- sus guerras y odios -contra los asirios, los libios, o contra sus mismos sacerdotes- conforman la personalidad de este Faraón, que quiso cambiar y mejorar la vida en Egipto, pero ya demasiado tarde, y siendo aún muy joven como para tomar las decisiones correctas.

Aparecen momentos muy interesante que narran las creencias egipcias sobre la muerte, como la teoría de que el cuerpo posee un Arma inmortal, que se nutre del poder de sus restos en la tierra para buscar su salvación en tanto llega su momento de estar la lado de los Dioses. Por eso, los egipcios momificaban a sus muertos, para que el alma no se quedara sin restos de los cuales obtener energías, porque todos aquellos que hubieran cometido pecado alguna vez (todos los mortales, a entender de los sacerdotes) debían ayudar a los humanos durante siglos, y no tendrían suficiente fuerza para hacerlo si sus cuerpos desaparecían.

También el libro detalla el proceso de embalsamado cuando muere el Faraón Ramsés XII, la importancia que le daban a sus muertos, a la ultima morada y a los objetos que debían acompañarlos, como el Libro de los muertos, o los papiros de las Momias, que contenían las palabras que debían decir los difuntos a los dioses a su llegada al otro mundo.

Mi reseña no le hace justicia a esta impresionante obra, pero necesitaría muchas horas más y muchas palabras para contarles la  historia de un Faraón.

Me resta invitarlos a la lectura, o ver la adaptación cinematográfica del año 1967, que según dicen está muy bien narrada (no tengo el gusto de verla)

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