1984

George Orwell es un autor sorprendente. Con su visión apocalíptica del futuro nos hace estirar (si, estirar) nuestras mentes al punto de confiar en que las cosas pueden resultar peores de lo que uno imagina. 1984 es su ejemplo más claro, según creo. La novela se desarrolla en esa fecha, ya que fue escrita en 1948, y el título es una inversión de las últimas cifras del año.

Winston Smith, un miembro del Partido Exterior, comienza a escribir en su diario sus frustraciones, que no son pocas. En el momento en que compra el cuaderno, ya está cometiendo crimental, que es como se le llama en neolengua al crimen de la traición de pensamiento. En la época tormentosa en que vive nuestro protagonista, incluso el lenguaje es usado como represión, y la neolengua es el idioma que se usa para que las personas no digan nada más que lo correcto: lejos de crear, los académicos de Victoria se encargan de destruir el lenguaje, desaparecer frases y palabras.

El mundo distópico en que viven los habitantes de la novela, está controlado por El gran Hermano, al que todos deben amar, y está dividido en capas sociales bastante identificables: arriba los del Partido Interior, quienes pueden acceder a todo lo que está vedado: comida no racionada, ropas y vida cómoda. Incluso, pueden apagar las pantallas que en cada casa vigilan a cada persona y la hacen cumplir determinadas obligaciones. Luego, están los miembros del Partido Exterior, como Winston, quienes usan un uniforme tipo mono, y trabajan para los cuatro Ministerios: el de la Abundancia (Minindancia), el del Amor (Minimor), el de La Paz (Minipax) y el de la Verdad (Minver) que es donde él trabaja, dedicándose a reescribir la historia, de manera que las predicciones del Gran Hermano resulten siempre verdaderas. Al final de esta pirámide, están los proles, casi considerados inferiores, que consumen lo que crean los partidos (la música, la información) y que fallecen siempre en las constantes guerras.

No es solo la nación en que vive Winston la que está controlada por un régimen totalitario: el mundo está dividido en grandes naciones que funcionan de la misma manera, y que por tanto, pese a que sus principios son similares, casi siempre se encuentran en conflicto. Al principio del libro, ellos, Oceanía, están en Guerra con Eurasia, y luego, esta guerra nunca ha existido, Eurasia es el aliado y están en guerra con Asia del Este.

Pese a que no hay escapatoria en un mundo como ese, nuestro protagonista se siente tentado a creer que hay una esperanza. Intenta por todos los medios comunicarse con cierta hermandad que lucha supuestamente por acabar con el partido y la política del Ingsoc, cuya ideología se basa en estos tres lemas: Paz es Guerra, Libertad es Esclavitud e Ignorancia es Fuerza.

El libro, si bien es apasionante, nos deja un temor a la realidad que tarda en desaparecer. Si analizamos los argumentos y las razones de por qué el mundo terminó siendo de esa manera, casi nos podemos convencer de que el futuro podría ser Orwelliano. Se los sugiero, porque, a pesar de que autor dijo que era una sátira y más de una vez me reí de las descripciones y las situaciones, creo, como George Orwell, que algo parecido pudiera suceder en un mundo donde el poder no se conforma con las igualdades.

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4 comentarios en “1984

  1. Saimi, primero que todo debo darte las gracias por poner a disposición una versión digital del libro. Debo confesar que 1984 está entre los que, por una razón o por otra, he ido posponiendo su lectura…¡ahora sí que no tengo pretextos!
    No obstante, debo decirte que he leído sobre él y me da la impresión que Orwell es de los visionarios que, como Verne, se adelantó a su tiempo, con más o menos acierto.
    Gracias nuevamente &:o)

    • Mayra, yo tampoco lo había leído, y nada me había preparado para el extraño mundo de 1984, pero una vez dentro, no hay manera de detenerse. Solo tienes que hacer esto: empezar; lo demás déjaselo a Orwell. Saludos y gracias por la visita! 🙂

  2. Desinformación
    Erangel Rivas Parra
    Bellezas ocultan monstruos… Podría ser cualquiera,.. El de la camisa de guayabera, recuerdo aquella vez que le tiraba piedras al sujeto de lentes oscuros, las piedras lanzadas se debían a que se le veían rojos… Los lentes… Como los de Terminator. En aquella escena obscena tomaba la escopeta y salvó a Clearize de las maquinas que amenazaban con inyectarse heroína en los senos… ¡Lo hacían frente a las cámaras! exigían a las reporteras que se despojasen de sus ropas de oficio para modelar en el programa de noticias.

  3. Pingback: EL CUENTO DE LA CRIADA | Wena LITERATURA

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