MEMORIAS DE UNA GEISHA

Memorias de una Geisha

Recientemente falleció Gabriel García Márquez, y fue él mismo quien dijo que la vida no es la que uno vivió, sino lo que uno recuerda para contarla.

La novela Memorias de una Geisha es un vivo ejemplo de que no importa lo común de una vida, y no importa si nos parece cotidiano lo que hacemos, en algún momento de nuestra existencia estaremos haciendo algo digno de contar. Y con los años, las historias mejoran.

Chiyo es una niña que vive en una casa de pescadores en una aldea japonesa pequeña y descolorida junto a sus padres y su hermana. Sus ojos son como plomo azulado, y su destino es el mismo que el del agua, porque su personalidad está ligada a ese elemento desde que nació.

La madre de la niña está enferma y morirá muy pronto, su padre es anciano, y su hermana tiene muy poca concentración y muy poca fuerza como para hacerse cargo de la familia. Chiyo es lista, pero está desvalida.

A todas estas aparece en Señor Tanaka, quien se lleva a las chicas de su casa y las separa en Kioto. A la hermana mayor le toca ir a un prostíbulo y a Chiyo a una Okiya: una casa donde viven las Geishas.

Toda una mezcla de acontecimientos y sensaciones van apareciendo a lo largo de la narración. Como el río que es la protagonista, la novela discurre entre situaciones positivas y negativas que la van llevando (cual la corriente) a su destino inminente: convertirse en la Geisha que se llamará Sayuri.

El libro se nos presenta como una escena imborrable de un paisaje lejano, tan atrayente como las leyendas. Todo lo que desconocemos de la cultura oriental se acerca y se nos muestra en su esplendor: es emocionante cada detalle en el proceso: desde el maquillaje hasta las fiestas en patios sombredos por los cerezos en flor.

En el paisaje aparece el amor, que se vuelve la fuerza y la tristeza de nuestra protagonista y que cambia su destino, a tal punto de verse olvidando sus pesares y luchar con todas sus fuerzas por un futuro luminoso al lado del hombre que su corazón eligió.

Se dice que el autor, Arthur Golden, tuvo varios problemas legales con la Geisha que entrevistó para contar su historia, porque según ella hacía ver a las Geishas como prostitutas de alto nivel. A mí no me lo pareció, más bien coincido con Sayuri cuando dice que era solo una mujer encargada de divertir a los hombres  con su compañia y ser mantenida por ellos.

Memorias de una Geisha es un buen libro: una novela recreada en el Japón de inicios del siglo XX, que nos permite entrever la perspectiva de quienes habitan la otra mitad del planeta.

Toda la vida le estaré agradecida a mi amigo Javier Olmos, que hizo una excepción por mí al prestármela hace varios años.

Descargar Memorias de una Geisha  😀

 

 

 

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