CUENTOS DE HANS CHRISTIAN ANDERSEN

Hace ya muchos años en la Plaza de Armas de La Habana Vieja me antojé (porque no hay otra forma de decirlo) de un libro para niños que me pareció muy bonito. Mi papá me lo compró, porque no le dejé opciones, y así es como obtuve mi versión de los Cuentos de Hans Christian Andersen que publicó Gente Nueva en una excelente edición, de las que ya no abundan.

Ayer mismo me estaba acordando de la historia de la princesa y el frijol, y decidí buscar entre mis libros este hermoso recuerdo de la infancia. Tenía miedo de haberlo regalado en estos años, o de haberlo perdido, como tantos otros libros qué no sé a dónde han ido a parar, o si sé, pero no puedo recuperar.

Por suerte, aunque un poco polvoriento y coloreado con crayolas en ciertas páginas, lo encontré, así que lo sacudí y me lo llevé para, más que leerlo, recordarlo.

Resulta que los cuentos del famoso poeta y escritor europeo, que con sus historias ha llegado a muchísimos niños durante tanto tiempo, son tan interesantes como recordaba y tan únicos, como nunca lo serán las adaptaciones cinematográficas.

Esta edición abre sus páginas con la historia del niño que fue Hans, los sueños que tenía, y las imágenes que dibujaba en su mente tras ver manchas de humedad en las paredes. Me parece que esa es una manera de atrapar a los jóvenes lectores, pues a veces los libros comienzan con prefacios o biografías del autor que son un poco tediosas para los pequeños, pero esta no lo es, más bien parece un cuento más.

Luego, comienzan las narraciones, que en ningún caso son muy largas, o sea que cada cuento se puede leer en unos minutos, suficientes para captar la atención del niño y que no se aburra. Todas cuentan con ilustraciones muy coloridas y esto es un punto a favor de los editores, ya que siempre he creído que los libros para niños, al menos, sí deben ser guzgados por las portadas y las imágenes.

La princesa que no puede dormir porque le molesta un pequeño guisante debajo de los veinte almohadones, los hermanos frijoles de una vaina que quieren llegar muy lejos, el patito feo, o el soldadito de plomo enamorado, llegan con conmovedoras historias que demuestran la enorme sensibilidad del autor y su deseo de transmitir a los lectores mensajes de bien y amor sin pretender ser didáctico.

Recomiendo esta lectura.

Es más: recomiendo tener a mano siempre libros como este, para leerle a algún niño que nos visite, para guardarlo para nuestros hijos, o para nosotros mismos, que a veces olvidamos que las pequeñas cosas también pueden ser muy hermosas.

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