GALVESTON: Una palabra, una ciudad.

Nic Pizzolatto obtuvo reconocimiento mundial gracias a la serie que creó y produjo para la HBO: True detective, donde también es guionista y show runner; una producción donde el género policial logra una excelencia y poesía de la violencia pocas veces visto hasta ahora, una gran muestra de la era dorada de la televisión (al menos su primera temporada). Aunque ya en el 2010 Pizzolatto impresionó a los medios estadounidenses por su novela opera prima: Galveston, ahora editada por Salamandra con traducción de Mauricio Bach Juncadella.
La contundencia y la ausencia de resonancias poéticas en el título de la novela de Pizzolatto demuestran ya un tono escueto y una visión práctica, un mundo donde no caben los simbolismos ni las evocaciones románticas.
La historia es protagonizada por Roy Cady, matón a sueldo en Nueva Orleans, cuarentón, cowboy, a quien se le diagnostica cáncer pulmonar. Y si este escenario no puede ser peor su jefe, Sam Ptitko, lo quiere muerto porque se acuesta con la exmujer de aquel. Así, el protagonista se ve obligado a huir junto a una joven prostituta llamada Rocky, huérfana como él, por la carretera que los lleva hasta Galveston, el lugar que evoca en Roy un recuerdo de su juventud y días felices.

En este viaje descubrimos a dos personajes sin esperanzas ni sueños, perseguidos por el desierto, rodeados únicamente de bares para camioneros y moteles, música country y cerveza Lone star. Un viaje que hace tambalear las certezas de un hombre que se sabe moribundo, que empieza a sentir el amor al tiempo que la sangre y la pólvora lo convencen de la inminente perdición.
La novela es un diario íntimo y atropellado de un hombre con ambos pies en la tumba. Con un estilo informal, el relato se ubica desde la perspectiva del narrador, quien reflexiona sin olvidar su estado crítico. Una voz que no agota al lector con las metáforas que usa, que no maquilla la realidad, pues esta, violenta y cruda, lleva desde su particular punto de vista una poesía propia, una dialéctica entre la esperanza de vida y la certeza de la muerte. Una añoranza pesimista que encontramos bellamente insinuada en el epígrafe de William Faulkner: “¿Cuántas veces he estado a cubierto de la lluvia bajo techo ajeno, pensando en mi hogar?”

La novela recuerda en algunos aspectos el estilo de Corman McCarthy, una serie de eventos de una crudeza visual y violenta, equilibrados con constantes introspecciones de los personajes y sus pensamientos, prejuicios, etc. Pizzolatto demuestra ser un escritor maduro y con una voz sutil pero penetrante. Este relato es un noir que permite ver a dos seres humanos hijos de su época y su tierra, pero sin llegar a ser un reproche o una demanda moralista. Una novela policial que atrapa con una visión del mundo que enfrenta las reflexiones filosóficas de Roy y las decisiones que debe tomar; un choque tan indescriptible como humano, donde el amor es sinónimo de muerte y la empatía por otro ser humano equivale a la condena.

Galveston no es metáfora, no es poesía, es un hombre que debe vivir su propia realidad.

Descargar Galveston

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