LA CRUZADA DE LOS NIÑOS

El fin de semana fui a encontrarme con un poeta colombiano radicado hace un tiempo acá en Argentina y, en medio del desorden, Dafne Pidemunt, escritora y editora de Ediciones La Mariposa y la Iguana, me endulzó el oído, me embaucó y me vendió La cruzada de los niños de Marcel Schwob, de su propia edición bilingüe, traducido por Leticia Hernando.

Conformado por  breves testimonios de diferentes personajes, actores o testigos de los acontecimientos, la historia sigue una peregrinación real, por cierto, hecha por 7,000 niños que en el siglo XIII se fueron a Jerusalén, a recuperar Tierra Santa, armados únicamente con su fe y bondad. La historia es como la de cualquier otro niño que abandona su hogar para buscar tierras prometidas llenas de tesoros, ilusiones de felicidad infinita y la realización de un bien mayor a sí mismos, ajenos a los ogros, hombres lobos y Coyotes que los acechan, ¿quién no lo ha hecho?

Pero lo interesante de la versión de Schwob es la estructura fragmentada y elíptica que recorre los testimonios, pues desde diferentes perspectivas vemos la impresión que causa una campaña de estas características y, además, los simbolismos de los que se impregna el texto.

El color blanco es omnipresente, igual que Moby Dick. Ya sea porque es el color de Dios, de los niños, de un leproso que desesperado por su condición quiere infectar a los bendecidos mordiéndolos en el cuello, el color es al mismo tiempo luminoso y siniestro, y la diferencia radica en que los inocentes la siguen, mientras que los adultos la aborrecen:

En esta comarca todo es blanco, las casas y los ropajes, y el rostro de las mujeres está cubierto con un velo. El pobre Eustaquio no puede ver esta blancura, pero le hablo de ella y se regocija. Porque dice que esto es la señal del fin. El Señor Jesús es blanco (Relato de la pequeña Allys).

Soy un hombre tan mayor. Mi fe ya no es la de estos pequeños. El oro de las paredes de esta celda está gastado por el tiempo. Son blancas. El círculo de tu sol es blanco. Mi bata también es blanca, y mi corazón reseco, puro (Relato del papa Inocencio III).

Entonces, ¿a quién está dirigido este texto? ¿A los niños o a los adultos? Este libro se suma a la extraña categoría a la que pertenecen El Principito y Alicia en el País de las Maravillas, pues depende en gran medida de la edad mental de quien lo lee, de qué momento acaece en su vida, y sobre todo, de si quiere ser un niño con fe o un adulto sin esperanzas.

Descargar La Cruzada de los Niños en Pdf.

 

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