VIUDAS DE SANGRE

Lo mejor de la literatura de Daniel Chavarría es que es inesperada. Siempre hay historias detectivescas en las páginas de este autor, pero irremediablemente nos sorprenden sus salidas.

Así, empezamos leyendo un libro que ojea una princesa rusa convertida en prostituta con la caída del zarismo, y terminamos en la Ciénaga de Zapata junto a los restos mortales de un campesino, todo esto, claro, pasando por Estados Unidos, Francia o Inglaterra. En Viudas de Sangre, Chavarría va encadenando la historia de las intrigas del palacio del zar Alejandro, último de los Romanov, con hechos más recientes que atañen a Cuba y a su primera mitad del siglo XX.

Olga, quien nació rodeada de lujos en la corte imperial rusa, termina montando un moderno prostíbulo en La Habana, lugar donde la ha llevado su nuevo amante. Ya la mujer tenía experiencia en el trabajo, pues había sido una chica de la noche durante muchos años en Europa, para obtener dinero y mantener a su descarriado hermano menor.

Mientras, los guajiros de un central en La Ciénaga de Zapata, viven asombrados la noticia de la muerte del esposo de Doña Chechita. Si bien era un hombre honrado y querido por la mayoría, su rectitud le había convertido en enemigo de varios habitantes de la zona, así que la esposa se debate entre los sospechosos de la investigación que comienza. Para su suerte tiene la ayuda de un libro que utiliza para todas las situaciones de la vida: el manual de Costura que obtuvo cuando estudió ese arte de niña.

En medio de esos hechos, aparentemente tan lejanos, aparecen personajes que van conformando el mosaico que se esconde tras una historia intrigante y amena. Cargada de un humor cubano que el autor ha sabido captar muy bien durante sus años de vida en la Isla, la novela, que no es corta, se termina de leer muy pronto, porque es entretenida y atrevida.

Erotismo, historia, ciencia y misterio, complementan la lectura para ofrecernos, como siempre, una muestra de que el Premio Nacional de Literatura 2010, que fue otorgado en Cuba, no lo queda corto a Daniel Chavarría. ¿Qué importa que haya nacido en Uruguay si nos hace quedar tan bien plantados a los cubanos?

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