EL SEÑOR DE LAS MOSCAS

“La inocencia de la infancia”, dicen todos, condescendientes, cuando un niño comete un error, da por cierto algo que no lo es, o pregunta cuestiones a las que los adultos no pueden responder sin sentirse mal. Ser inocente en la niñez es entonces estar libres de pecados, aunque los cometan, porque un niño no es consciente de su crimen y también, entonces, la inocencia en la infancia es sinónimo de desconocimiento.

El señor de las moscas de William Golding, nos pone ante una duda colosal: ¿es esta inocencia igual a la de las personas acusadas de un acto que no cometieron? ¿Si un niño mata a otro, si roba, si miente a propósito, sigue siendo inocente porque es un niño?

En una isla caribeña, pequeña y llena de frutas y cerdos, aterriza por accidente un grupo de muchachos. En ese retiro no hay adultos, los que se mencionan viven lejos, allá en Inglaterra, o estaban en el avión (como el piloto o el del megáfono) pero nadie ha vuelto a saber de ellos.

En las primeras páginas de la historia, Ralph encuentra una caracola, y Piggy, con espejuelos, gordura y asma, le indica cómo soplarla de manera que suene como una trompeta, ya que sus miedos y padecimientos no le permiten hacerlo. A la llamada de la caracola van apareciendo los chiquillos, que rápidamente se clasifican en dos grupos: los pequeños, que tienen alrededor de 6 años, y los otros, que rondan los 12 años.

Sobre todo a los más grandes, la isla les parece un paraíso, sin adultos que los manden a hacer cosas o los supervisen, y con todas las frutas y las fiestas que puedan desear. Sin embargo, la elección de Ralph como líder despierta los celos de Jack, quien siempre ha sido la estrella del coro en su escuela, y quien cree que lo más importante no es mantener una hoguera encendida para que los rescaten, sino aprender a cazar a los cerdos que pululan por allí.

Los niños, incapaces de organizarse correctamente, y de comprender la magnitud de sus problemas, empiezan a dudar de la importancia del rescate, y se dejan llevar por la furia salvaje de la cacería y la violencia. A esto, además, se suma el monstruo que empiezan a ver por las noches, y que asusta a los pequeños primero, y a todos después. El baño de sangre es inevitable.

Según he leído, el título El señor de las moscas es en sí un concepto relacionado con el diablo. Sin dudas los niños pequeños no poseen la maldad, tal como la interpretamos los humanos, sino que la van adquiriendo con su vida social. Sin embargo, si nadie les enseña, si sus conceptos del bien y el mal aún no están formados, ¿quién puede decidir si son inocentes o no?

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