FAHRENHEIT 451

Hay muchas cosas que son divertidas. La televisión es divertida, las películas, las redes sociales, los parques de atracciones, los videojuegos, la música, la charla social, la velocidad…

Esta infinidad de acciones que nos hacen pasar ratos agradables, que a veces nos sacan de nuestras vidas y, al menos por un rato, nos hacen olvidar nuestro problemas, nos rodean, cada día más.

Y a veces con tanta conexión, con tanta tecnología, con tantas diversiones disponibles nos olvidamos de vivir realmente, de amar a nuestros seres queridos, de contemplar el mundo, de ir despacio, de leer…

Eso, precisamente, es lo que intenta hacer notar Ray Bradbury en su novela Fahrenheit 451, una historia que se enmarca en un futuro distópico, donde los libros están prohibidos y, junto a ellos, las cosas que hacen reflexionar: las conversaciones, las referencias, los análisis.

Cuando nuestro protagonista, Montag, el bombero, se encuentra con Clarisse, la toma por loca, pero le permite entrar en su vida. Es ella la primera en sugerirle que a lo mejor no es feliz, que a lo mejor no ama a su esposa, que a lo mejor, los bomberos no siempre se dedicaron a lo mismo. Sin embargo su jefe, que está preparado para estos casos, le hace entender que la duda es inútil: “El primer bombero fue Benjamín Franklin, quien ordenó quemar los libros.” Esa, y no otra es la labor de Montag y la de sus compañeros: llegar a la temperatura en que el papel se enciende y quemar a 451 grados Fahrenheit todos los libros.

Pero, pese a las prohibiciones, muchos libros sobreviven, y su contenido sigue siendo tan precioso, que algunas personas prefieren enfrentarse al descrédito, a la cárcel, o a la muerte, con tal de conservarlos.

Un mundo sin libros, donde nos olvidemos de la magia y de la historia, donde dependamos de la televisión y de la banalidad, es lo que retrata este libro. Una realidad distópica que no parece tan increíble y que asusta.

Por suerte, parece que hay una manera de salvarse, incluso mejor que conservar los libros: convertirnos en ellos, llevarlos con nosotros, aprenderlos y aprehenderlos, como si el futuro dependiera de la lectura.

Descargar Fahrenheit 451 en ePub

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