UNO DE LOS NUESTROS

Claude es un buen muchacho. Tan bueno y típicamente norteamericano, que no encuentra su lugar en la vida como granjero, ni como estudiante de la escuela donde únicamente se enseña teología, ni como hijo de un hombre vago y dejado.

Nuestro protagonista ve las cosas hermosas de la vida, pero también nota, con desdén hacia sí mismo, que está dejando pasar todo lo que le gustaría hacer. No tiene la fortaleza para enfrentarse a su destino, y por esa razón siempre termina haciendo lo que se espera de él. Este libro es la narración de una serie de planes que se van derrumbando hasta que Claude encuentra paradójicamente la libertad en la Guerra.

La universidad, que en un primer momento se le presenta como el futuro con el que tanto sueña, deja de ser una opción cuando su padre pone a su cuidado la granja familiar. Luego, el matrimonio no es lo que espera, pues su mujer se revela excesivamente cristiana, al punto de considerar la unión como algo parecido al deber, y nada más. Es en medio de estos sinsabores que los Estados Unidos se suman a la Primera Guerra Mundial, y Claude decide escapar hacia la contienda, seguro de que nadie lo juzgará por ser valiente.

Atrás queda su madre querida y anciana, pues su mujer ha decido partir a China como misionera, y la ausencia de sus hermanos y de su padre no se siente mucho, pues no compartía mucho con ellos. Sus amigos de la universidad hace algún tiempo que desaparecieron del mapa, por causa de la exigencia de moverse a la hacienda y nunca fue muy cercano a sus vecinos. Hay una sola amiga que siente su partida, y su presencia en el libro es como un soplo de paz que da esperanzas al lector, pero nada más.

La Guerra en el viejo continente se nos descubre entonces como una serie de pequeñas acciones. Cada paraje, cada batalla, cada compañero, se pone en contexto para narrarnos qué fue de la vida de estos jóvenes amables y tranquilos de las zonas rurales que fueron a luchar por un ideal. La ya lejana contienda puede mostrársenos luego de un siglo como un suceso actual.

Este es un texto único, porque fue escrito por una mujer y además, obtuvo por él el Premio Pulitzer. La sensibilidad de Willa Cather se transmite en su prosa, y es curiosa su forma de ver el conflicto bélico, porque lo narra con delicadeza y también con cierta franqueza, como si se tratara de algún recuerdo, más que de un libro.

Además, creo que lo mejor de toda la novela es su personaje principal. Por él sentimos compasión, simpatía y hasta odio y junto a él, sobre todo, sentimos que el control de la vida a veces no está en nuestras manos, y que hay que asumir las cosas tal como vienen. O no.

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