OLIVE KITTERIDGE

Este es un libro curioso. Si entras de lleno en él, sin estar preparado, quedarás desconcertado, porque el nombre –Olive Kitteridge– se refiere a un personaje que apenas aparece en la primera historia. Ya en el segundo momento vamos comprendiendo que la profesora de escuela es solo un personaje que va apareciendo en las vidas de los protagonistas de cada cuento. Ella, curiosamente, no es el centro casi nunca, sino un hilo conductor de la historia coral de un pueblo costero en Maine.

Así, no se le puede considerar novela a esta obra premiada con el Pulitzer de 2009. Es más bien una colección de cuentos sobre temas variados, pero en un escenario común. Desde las distintas perspectivas, además, nos vamos haciendo una imagen de olive. Aunque nunca se nos narra un momento suyo en la escuela, sus alumnos siempre la recuerdan.

Algunos, le temen, otros se han dado cuenta, luego de muchos años, de que esta mujer tiene algo diferente, porque es capaz de ver más allá de sus rostros: parece que tantos años con niños le han enseñado a conocer muy bien el alma humana. Las otras personas que no han  sido sus alumnos, también tiene opiniones encontradas sobre Olive: algunos piensan que es insoportable, otros que es un ángel. Eso sí: todos coinciden en que nunca, nunca, se ha disculpado por nada.

Si bien  la autora, Elizabeth Strout, siempre retoma a Olive y a su familia como personajes recurrentes, me gustó mucho que no cae en el recurso manido de poner como figurantes a personajes de otras historias en las que siguen. Es un pueblo grande y las vidas de las personas no tienen por qué coincidir: eso lo entendemos. Olive es el único leitmotiv, y eso es de agradecer.

Además, no sé cómo lo logra, pero cada cuento atrapa por si solo. Cada historia es buena, cada protagonista merece que su vida sea contada, cada situación es digna de estar allí. Y se trata de acontecimientos comunes, de esos que llenan la vida de las personas y que los convierten en quienes son. La misma Olive Kitteridge tiene una opinión bien formada sobre eso:

“La vida depende de lo que ella considera ‘grandes alegrías’ y ‘pequeñas alegrías’. Las grandes alegrías son cosas como contraer matrimonio o tener hijos, intimidades que te mantienen a flote, pero estas grandes alegrías contienen peligrosas corrientes ocultas. por eso también son necesarias las pequeñas alegrías: un dependiente amable en unos grandes almacenes, por ejemplo, o al camarera de DunkinDonuts que sabe cómo te gusta el café. Un asunto complejo, la verdad”

Creo que este libro merece que lo leamos, y que nosotros merecemos leer libros así.

Descargar Olive Kitteridge en ePub

 

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