Dark Water

Cualquiera que haya visto una película de terror japonesa sabe que el agua es un motivo recurrente para el origen y la procedencia de todos los males nipones: la niña del Aro, Godzilla, los occidentales. Y es que el agua, ya lo decía Jung, “es el símbolo más corriente del inconsciente”. Es la fuerza primigenia donde prevalece el inconsciente colectivo, es desde allí donde surge la vida y es ella quien contiene la vitalidad misma del ser. Y Dice también que “…el soñador que anhela subir a las claras alturas se enfrenta con la necesidad de sumergirse primero en la oscura profundidad y ese descenso se le revela como una impredecible condición del ascenso. En esta profundidad amenaza el peligro, que el prudente evita aunque con ello pierde el bien, que un atrevimiento valeroso pero imprudente hubiera hecho posible alcanzar”, y he aquí donde se pone interesante. Pues el agua no siempre cristalina y calma como un lago de ensueño romántico, se presenta en la obra Dark Water de Koji Suzuki, como una mescolanza de sustancias pútridas, oscura y alborotada por las tormentas, ávida de succionar todo lo que la toque, que bien podrían simbolizar la corrupción misma de los personajes que a ella se enfrentan; en otras palabras, en los siete cuentos que componen el libro, el agua es el enemigo tajante de los protagonistas. Un agua con olores y sedimentos flotando alrededor, manifestaciones de la misma situación extrema en la que los personajes se revelan a sí mismos con todo su inconsciente fluyendo en sincronía con la marea que los rodea.

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